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[1] Este dulce se
hacía antiguamente en el período de las matanzas para aprovechar
los chicharrones, que son los residuos que quedan cuando se cuecen
los entresijos del cerdo para obtener la
manteca. Cuando en Romangordo las
familias elaboraban su propio pan, separaban un trozo de masa, ya
fermentada, y le añadían los ingredientes específicos de la bolla y la cocían,
junta con los panes, en hornos de leña, cuyo dueño cobraba una pequeña
cantidad por este servicio. A partir de la construcción de la primera tahona eléctrica,
que realizaba todo el proceso del pan, incluida la venta, pocos años antes de 1960, las familias
fueron dejando
de hacer sus propios panes, los hornos de leña entraron en crisis y fueron
finalmente abandonados y
se fue perdiendo la costumbre de hacer las bollas de chicharrones, pues
por entonces no se habían generalizado los pequeños hornos eléctricos
caseros.
Hoy día, casi perdida también la costumbre de hacer matanzas, no es
fácil obtener los chicharrones, pero no por eso hay que abstenerse
de hacer este dulce. Puede que les guste más la bolla de
chicharrones sin chicharrones.
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