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Aldebarán (α
Tauri;
α
Tau) está situada en las proximidades del cúmulo abierto de las
Hiades sin que pertenezca a él y corresponde al ojo del toro con el
que se representa esta constelación. Se trata de una gigante
roja-anaranjada, con un diámetro de 50 millones de km, ligeramente
variable de brillo, 120 veces más brillante que el Sol, situada
sólo a 68 años-luz, cuyo nombre procede de la expresión árabe "na'ir
al dabaran", que significa "la luz que sigue" en referencia a las
Hiades. Los hindúes llamaban a esta estrella "Sataves", cuyo
significado "guía de las estrellas del oeste" es opuesto al
significado árabe.
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El-Nath (β
Tauri;
β
Tau) está situada en los límites de esta constelación con la del
Cochero, de tal manera que a veces ha sido considerada como
perteneciente al Cochero, pues sirve para completar la figura
geométrica de un pentágono con las estrellas más notables de dicha
constelación. En la figura imaginaria del toro, esta estrella está
situada en el extremo del cuerno superior. El significado de su
nombre árabe es precisamente "la extremidad". Nath es una estrella
brillantísima, 1.700 veces más luminoso que nuestro Sol.
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T Tauri (T
Tau) es importante, no por su brillo, pues no es visible a simple
vista, sino por ser el prototipo de una modalidad de estrellas
variables muy irregulares. La variaciones de estas estrellas no son
debidas a su vejez, como ocurre en otras, sino todo los contrario.
Son estrellas muy jóvenes, todavía envueltas en la nebulosa
originaria, que no han llegado a la estabilidad, por no haber
culminado todavía el proceso de su formación. Este tipo de estrellas
variables es conocido también con el nombre de "variables
nebulares".
Otros
objetos notables de la constelación de Tauro
Además de las estrellas mencionadas, en la
constelación de Tauro hay tres notables objetos: los dos cúmulos
abiertos de las Pléyades y de las Híades, visibles a simple vista, y
la nebulosa del Cangrejo, visible telescópicamente.
Las Pléyades conocidas también por Atlántides
y popularmente llamadas "las Cabrillas", constituyen un asterismo o
conjunto de estrellas, que forman una unidad diferenciada dentro de
la constelación de Tauro. Se trata de una aglomeración de
estrellas, no debida al efecto de perspectiva, vinculadas entre sí
por el origen común de una misma nube de gas. Es un cúmulo abierto,
es decir poco denso, por oposición a los cúmulos globulares,
compuestos por centenares de miles de estrellas, tan apiñadas entre
sí que parecen una nube. Las Pléyades están integradas por unas 250
estrellas, pero, a pesar de ser un cúmulo pobre, es más atractivo
que los grandes cúmulos, pues éstos suelen encontrarse a miles de
años-luz de distancia, mientras que las Pléyades están sólo a 400
años-luz. A simple vista se perciben, según la agudeza visual del observador,
entre 9 y 6 estrellas, bautizadas por los antiguos con
los nombres de Atlas y Pleonia y con los nombres de las siete hijas
de éstos, conocidas en conjunto como las Atlántides: Alcyone,
Electra, Mérope, Maya, Taigete, Astérope y Caleno. Las Pléyades
están formadas por estrellas muy jóvenes envueltas todavía en la
nebulosa de la que se han formado. Pertenecen al tipo espectral B
con temperaturas superficiales altísimas, entre 15.000E
y 20.000E,
que les dan una coloración blancoazulada. Su edad es de pocos
millones de años, nacidas después de la extinción de los
dinosaurios, estrellas que se encuentran en la infancia de su vida,
sobre todo si las comparamos con nuestro Sol, que a pesar de sus
5.000 millones de años no es viejo todavía, aunque no todas las
estrellas queman sus energías con la misma parsimonia que nuestro
Sol, pues cuanto más masivas son, con más derroche gastan las
reservas de combustible y más rápidamente recorren las etapas
evolutivas de la vida estelar.
Las Pléyades han sido utilizadas por los
tratadistas romanos de Agricultura como punto de referencia para
señalar a los campesinos cuándo debían iniciar la sementera. Así
Virgilio sienta el principio, repetido más tarde por nuestro
Columela, de que hay que esperar al ocaso matinal de las Pléyades,
coincidente con el ocaso vespertino de la constelación de la Corona,
para confiar a los surcos la simiente, la esperanza del año:
Ante tibi Eoae Atlantides abscondantur
Gnosiaque ardentis decedat stella Coronae
debita quam sulcis committas semina quamque
invitae properes anni spem credere terrae.
(Geórgicas, Libro I, 221-224)
Las Hiades son también un cúmulo abierto, más
cercano que el de las Pléyades, situado sólo a unos 150 años-luz,
compuesto por unas 350 estrellas, aunque a simple vista sólo se
aprecian 5 ó 6. Se le calcula una edad de 1.000 millones de años,
período que, aunque breve, ha sido suficiente para que alguna de sus
componentes más masivas se encuentren ya en la fase de gigante roja,
fase que nuestro Sol, a pesar de ser más viejo, tardará todavía en
alcanzar 5.000 millones de años. Las Hiades se están alejando de
nosotros a una velocidad de 43 Km. por segundo, por lo que se puede
predecir que dentro de algunos millones de años serán sólo visibles telescópicamente. Dentro de la constelación de Tauro, este cúmulo se
encuentra situado en la zona en la que se configura la cabeza del
toro, cuyo ojo está representado por Aldebarán.
Esta nebulosa, descubierta en el s. XVIII e
incluida por Messier en su catálogo de objetos difusos con el número
1, por lo que todavía hoy es conocida por la referencia M1, fue
bautizada a principios del s. XIX por Lord Rosse con el nombre de "Crab
Nebula", es decir, la Nebulosa del Cangrejo, después de observarla
con su potente telescopio, a través del cual tenía en aquella época
la apariencia de ese crustáceo.
La naturaleza de esta nebulosa no se conoció con
seguridad hasta que se hicieron sus primeros espectros, con lo que se
evidenció que no se trataba de un conglomerado de estrellas, sino de
una nube de gas. En la década de 1930 a 1940 se midió la velocidad
expansiva de la nebulosa, analizando el efecto Doppler de su espectro,
lo que además permitió determinar que dista de nosotros unos 5.000
años-luz. En la región en la que se encuentra esta nebulosa, se
produjo en el año 1054, según crónicas chinas, la aparición de una
estrella nueva tan brillante que era visible durante el día. Los
astrónomos han demostrado convincentemente que la Nebulosa del
Cangrejo tuvo su origen en aquel fenómeno relatado por los chinos, que
no fue otra cosa que una supernova, es decir, la explosión de una
estrella muy masiva.
El mito de Tauro
Esta constelación trata de recordar
la metamorfosis de Júpiter
(Zeus)
en toro para raptar a la princesa Europa. Cuenta el mito que estando
esta princesa, hija de los reyes de Fenicia, en una playa acompañada
por algunas amigas apareció un toro blanco y manso, con el que
confiadamente comenzaron a jugar las muchachas. Europa incluso llegó a
montarse en el toro, momento que éste aprovechó para emprender una
veloz carrera y adentrarse rápidamente en el mar y no se detuvo hasta
que llegó a la isla de Creta. Allí Zeus se manifestó a Europa, le
expresó su amor y la dejó embarazada de tres hijos: Minos, Radamantis
y Sarpedón. Posteriormente, el rey de Creta se casaría con ella y
adoptaría a sus hijos.
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