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La constelación de Tauro (Taurus, Tauri; Tau)

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Posición Forma Estrellas Otros objetos El mito
 
 


Posición  de Tauro
Tauro limita al norte con las constelaciones de Perseo y el Auriga, al sur con Orión, al este con Géminis y al oeste con Aries. La mejor estación para ver la constelación de Tauro es el invierno: ver los mapas de diciembre, enero, febrero, marzo de esta Web.
 

Fragmento ampliado del mapa del mes de enero.
El Oeste está a la derecha del mapa.

Forma de Tauro
La configuración de estrellas de esta constelación sugiere la figura de un toro visto de frente y ligeramente arqueado. La estrella Aldebarán (la alfa (a) Tauri) representa el ojo del toro; los cuernos están sugeridos por las estrellas beta (b) y dseta (z). El cúmulo abierto de las Pléyades delinean la grupa arqueada del toro.
 

 
 

El Oeste está a la derecha del gráfico.

 
 

 

 
 

Estrellas más destacadas de Tauro

Nombre Magnitud aparente

Distancia (años-luz)

Ascensión recta

Declinación

Significado del nombre

a Aldebarán

  0,81

68

04h 35m +16º 30'

La luz que sigue

b El-Nath

1,6

270

05h 26m +28º 36

La extremidad

 
     
 
  • Aldebarán (α Tauri; α Tau) está situada en las proximidades del cúmulo abierto de las Hiades sin que pertenezca a él y corresponde al ojo del toro con el que se representa esta constelación. Se trata de una gigante roja-anaranjada, con un diámetro de 50 millones de km, ligeramente variable de brillo, 120 veces más brillante que el Sol, situa­da sólo a 68 años-luz, cuyo nombre procede de la expresión árabe "na'ir al dabaran", que significa "la luz que sigue" en referencia a las Hiades. Los hindúes llamaban a esta estrella "Sataves", cuyo significado "guía de las estrellas del oeste" es opuesto al significado árabe.

  • El-Nath (β Tauri; β Tau)  está situada en los límites de esta constelación con la del Cochero, de tal manera que a veces ha sido considerada como perteneciente al Cochero, pues sirve para completar la figura geométrica de un pentágono con las estrellas más notables de dicha constelación. En la figura imaginaria del toro, esta estrella está situada en el extremo del cuerno superior. El significado de su nombre árabe es precisamente "la extremidad". Nath es una estrella brillantísima, 1.700 veces más luminoso que nuestro Sol.

  • T Tauri (T Tau) es importante, no por su brillo, pues no es visible a simple vista, sino por ser el prototipo de una modalidad de estrellas variables muy irregulares. La variaciones de estas estrellas no son debidas a su vejez, como ocurre en otras, sino todo los contrario. Son estrellas muy jóvenes, todavía envueltas en la nebulosa originaria, que no han llegado a la estabilidad, por no haber culminado todavía el proceso de su formación. Este tipo de estrellas variables es conocido también con el nombre de "variables nebulares".

Otros objetos notables de la constelación de Tauro
Además de las estrellas mencionadas, en la constelación de Tauro hay tres notables objetos: los dos cúmulos abiertos de las Pléyades y de las Híades, visibles a simple vista, y la nebulosa del Cangrejo, visible telescópicamente.

  • Las Pléyades

Las Pléyades conocidas también por Atlántides y popularmente llamadas "las Cabrillas", constituyen un asterismo o conjunto de estrellas, que forman una unidad diferenciada dentro de la  constelación de Tauro. Se trata de una aglomeración de estrellas, no debida al efecto de perspectiva, vinculadas entre sí por el origen común de una misma nube de gas. Es un cúmulo abierto, es decir poco denso, por oposición a los cúmulos globulares, compues­tos por centenares de miles de estrellas, tan apiñadas entre sí que parecen una nube. Las Pléyades están integradas por unas 250 estrellas, pero, a pesar de ser un cúmulo pobre, es más atractivo que los grandes cúmulos, pues éstos suelen encontrarse a miles de años-luz de distancia, mientras que las Pléyades están sólo a 400 años-luz. A simple vista se perciben, según la agudeza visual del observador, entre 9 y 6 estrellas, bautizadas por los antiguos con los nombres de Atlas y Pleonia y con los nombres de las siete hijas de éstos, conocidas en conjunto como las Atlántides: Alcyone, Electra, Mérope, Maya, Taigete, Astérope y Caleno. Las Pléyades están formadas por estrellas muy jóvenes envueltas todavía en la nebulosa de la que se han formado. Pertenecen al tipo espectral B con temperaturas superficiales altísimas, entre 15.000E y 20.000E, que les dan una coloración blancoazulada. Su edad es de pocos millones de años, nacidas después de la extinción de los dinosaurios, estrellas que se encuentran en la infancia de su vida, sobre todo si las comparamos con nuestro Sol, que a pesar de sus 5.000 millones de años no es viejo todavía, aunque no todas las estrellas queman sus energías con la misma parsimonia que nuestro Sol, pues cuanto más masivas son, con más derroche gastan las reservas de combustible y más rápidamente recorren las etapas evolutivas de la vida estelar.

Las Pléyades han sido utilizadas por los tratadistas romanos de Agricultura como punto de referencia para señalar a los campesinos cuándo debían iniciar la sementera. Así Virgilio sienta el principio, repetido más tarde por nuestro Columela, de que hay que esperar al ocaso matinal de las Pléyades, coincidente con el ocaso vespertino de la constelación de la Corona, para confiar a los surcos la simiente, la esperanza del año:

Ante tibi Eoae Atlantides abscondantur
Gnosiaque ardentis decedat stella Coronae
debita quam sulcis committas semina quamque
invitae properes anni spem credere terrae.
                              (Geórgicas, Libro I,  221-224)

  • Las Hiades

Las Hiades son también un cúmulo abierto, más cercano que el de las Pléyades, situado sólo a unos 150 años-luz, compuesto por unas 350 estrellas, aunque a simple vista sólo se aprecian 5 ó 6. Se le calcula una edad de 1.000 millones de años, período que, aunque breve, ha sido suficiente para que alguna de sus componentes más masivas se encuentren ya en la fase de gigante roja, fase que nuestro Sol, a pesar de ser más viejo, tardará todavía en alcanzar 5.000 millones de años. Las Hiades se están alejando de nosotros a una velocidad de 43 Km. por segundo, por lo que se puede predecir que dentro de algunos millones de años serán sólo visibles telescópicamente. Dentro de la constelación de Tauro, este cúmulo se encuentra situado en la zona en la que se configura la cabeza del toro, cuyo ojo está representado por Aldebarán.

  • La nebulosa del Cangrejo

Esta nebulosa, descubierta en el s. XVIII e incluida por Messier en su catálogo de objetos difusos con el número 1, por lo que todavía hoy es conocida por la referencia M1, fue bautizada a principios del s. XIX por Lord Rosse con el nombre de "Crab  Nebula", es decir, la Nebulosa del Cangrejo, después de observarla con su potente telescopio, a través del cual tenía en aquella época la apariencia de ese crustáceo.

La naturaleza de esta nebulosa no se conoció con seguridad hasta que se hicieron sus primeros espectros, con lo que se evidenció que no se trataba de un conglomerado de estrellas, sino de una nube de gas. En la década de 1930 a 1940 se midió la velocidad expansiva de la nebulosa, analizando el efecto Doppler de su espectro, lo que además permitió determinar que dista de nosotros unos 5.000 años-luz. En la región en la que se encuentra esta nebulosa, se produjo en el año 1054, según crónicas chinas, la aparición de una estrella nueva tan brillante que era visible durante el día. Los astrónomos han demostrado convincentemente que la Nebulosa del Cangrejo tuvo su origen en aquel fenómeno relatado por los chinos, que no fue otra cosa que una supernova, es decir, la explosión de una estrella muy masiva.

El mito de Tauro
Esta constelación trata de recordar la metamorfosis de Júpiter (Zeus) en toro para raptar a la princesa Europa. Cuenta el mito que estando esta princesa, hija de los reyes de Fenicia, en una playa acompañada por algunas amigas apareció un toro blanco y manso, con el que confiadamente comenzaron a jugar las muchachas. Europa incluso llegó a montarse en el toro, momento que éste aprovechó para emprender una veloz carrera y adentrarse rápidamente en el mar y no se detuvo hasta que llegó a la isla de Creta. Allí Zeus se manifestó a Europa, le expresó su amor y la dejó embarazada de tres hijos: Minos, Radamantis y Sarpedón. Posteriormente, el rey de Creta se casaría con ella y adoptaría a sus hijos.
 

 

 

© Pedro Prieto Ramiro

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